Posteado por: 911thetruth | 3 noviembre 2008

William Rodriguez’s story

www.laopinion.com

Hasta el 11-S de 2001, William Rodríguez era un personaje desconocido. Nacido en Puerto Rico, llegó a Nueva York a principios de los 80 como un hispano más en busca del “sueño americano”. Pronto comenzó a trabajar como encargado de limpieza de la torre norte del World Trade Center (WTC).

Aquel trágico martes llegó media hora tarde y eso le salvó la vida. Llamó a su supervisor diciéndole que no iba a trabajar, pero éste le pidió que acudiese que no tenía nadie para reemplazarle: “Nadie quiere limpiar 110 pisos de escaleras todos los días. Para cualquier persona que no tenga entrenamiento es imposible. A mí me tomó diez años aclimatar mi cuerpo”.

Rodríguez finalmente acudió a su lugar de trabajo pero llegó con retraso. Cuando impactó el primer avión en la torre norte. A las 8:46, se encontraba en el primer sótano (B1) organizando con su supervisor la jornada del día: “De repente se oyó una explosión muy fuerte que nos levantó en el aire. El techo se derrumbó y las paredes se rajaron. Pensé que era el generador de energía eléctrica que había reventado en el cuarto de mecánica que se encontraba en el B2. Unos segundos más tarde se oyó un impacto arriba y otra explosión”.

En ese momento y como consecuencia de la explosión, apareció en medio del caos una persona con toda la piel arrancada y la cara le colgaba. Era Felipe David, un hondureño que se encargaba de reponer las máquinas de vending del edificio: “Su camisa estaba empapada en sangre. Todo el mundo estaba en shock. Le puse una toalla y me lo eché al hombro para sacarle fuera”.

Una vez en el exterior, Rodríguez escucha por primera vez a un agente de seguridad que un avión ha impactado en el edificio. Mira hacia arriba y ve el agujero que ha dejado en el piso 90. A aquella hora, un día normal, William debía estar en el piso 106 desayunando con el resto de colegas en el restaurante Windows of the World. Saber que todos sus compañeros estarían allí le hizo regresar al interior: “Estaba en pura desesperación. Quería ayudar a mis amigos que estaban en el último piso de la torre norte. Iba a diario a desayunar allí”.

A pesar de la recomendación de su supervisor, Rodríguez decide volver dentro: “Nadie quería regresar. Mi superior no me dejaba volver, pero no le hice caso. El miedo en una situación de este tipo o te paraliza o te moviliza. Tomé el liderazgo y entré a través del sótano a la Torre Sur, donde estaba en centro de operación y control. Sorprendentemente no había nadie”.

Entre las torres sur y norte había un hotel. Allí Rodríguez encontró una escena sorprendente: “Había una empleada de seguridad que me dijo que lo había oído todo pero que no podía irse porque era una nueva empleada y no quería que la despidiesen. La ignorancia de no saber lo que estaba pasando hizo que mucha gente se comportase de forma totalmente irracional. La saqué fuera del edificio a las malas. Luego volví a la torre norte y oímos gritos de dos personas en un ascensor atascadas diciendo que se estaban ahogando por el agua que había entrado de los rociadores antiincendios. Estaban encapsuladas. Por primera vez dije: Dios mío ayúdame. Yo era agnóstico. No creía en nada”.

Como si fuese un milagro, de repente ve un gran pedazo de metal en un área que tenía que estar limpia de restos de construcción. Con el tubo logra abrir la puerta del ascensor pero la distancia hasta el elevador –se había quedado entre dos pisos- no le permite llegar a ellos. En ese momento vuelve a recurrir al espíritu divino: “Dije otra vez: Dios mío ayúdame. Me vino entonces a la cabeza que en el área de carga y descarga de los trituradores de basura había unas escaleras. Siempre estaban amarradas con cadenas y candados. Cuando llegué allí todas estaban atadas excepto una. Es como si estuviese esperándome. La cogí y pude ayudar a las dos personas sacándolas fuera”.

La llave maestra
William volvió a entrar otra vez más en el edificio: “Me encontré al oficial de la policía encargado de la unidad canina de los perros. Y me dice: ¿Tienes la llave?”.

Había cinco personas con una llave maestra que abría todas las puertas del edificio. Las otras cuatro personas, los administradores de las operaciones del WTC entrenados en rescates y primeros auxilios para casos de emergencia, fueron los primeros en correr fuera del edificio: “La razón por la que yo tenía una de las llaves maestras es porque en 1993 el WTC había sufrido otro intento de ataque terrorista. Aquel año yo estaba en el edificio y me caí por las escaleras del piso 96 y no me mandaron ayuda ni me buscaron. Estuve una infinidad de horas allí. El WTC era una ciudad dentro de una ciudad. Les demandé por aquel motivo y a partir de entonces contaba con una llave”.

La llave se convirtió en un elemento muy importante porque en los rascacielos con más de 50 pisos existe un sistema de encapsulamiento en caso de incendio para que el fuego no se propague (el fuego busca oxígeno) por el que 3 pisos tienen puertas de escape que no abren y una sí.

A partir de aquel instante Willy se convirtió en la persona encargada de dirigir al equipo de bomberos: “Tenía la llave que abría todas las puertas y conocía el edificio mejor que nadie, aunque sabía que la operación iba a ser difícil. Los bomberos llevaban mucho equipaje encima y el edificio era muy alto. Yo hacía 110 pisos todos los días y estaba físicamente mejor que ellos”.

En el piso 27 tuvo la oportunidad de hablar con su madre: “Ella me decía que abandonara el edificio”. Sin embargo, Rodríguez continuó su labor con los bomberos: “Mi madre no sabía nada de mí, vio caer la segunda torre, es la angustia peor imaginable”, no sabía si estaba vivo o muerto. Fueron momentos de desesperación”.

A la altura del piso 39 se oye otra explosión, el edificio se tambalea y se derrumban de los pisos 65 a 44. En aquel momento volvió al piso 27 donde había un hombre en silla de ruedas para ayudarle a bajar.

Último superviviente
Después de haber vuelto en tres ocasiones al edificio, Rodríguez bajó corriendo justo antes del derrumbe de las torres gemelas. Viendo lo que se le venía encima, se protegió debajo de un coche de bomberos. El hundimiento del edificio produjo una nube de polvo, cemento, acero y otras sustancia: “El polvo me quemaba la cara y dije: Dios mío no le des a mi madre el dolor de verme en pedazos, que reconozca mi cadáver”.

Willy había sido mago (su gran pasión) y en las clases de escapismo le habían enseñado a controlar el aire de la respiración para que éste durara. Así lo hizo aunque pensaba que no saldría con vida. Únicamente pensaba en su madre y su perrita. Perdió el conocimiento.

Poco después de 3 horas fue rescatado. Fue la última persona sacada con vida de los escombros de las Torres Gemelas. Tras recibir los primeros auxilios en el lugar del atentado, pasó el resto del día como voluntario en labores de rescate. Al amanecer del día siguiente estaba de vuelta en la Zona Cero para continuar con sus heroicos esfuerzos.

Aquel día William rescató personalmente a 15 personas y más de 100 se salvaron gracias a la llave maestra y su ayuda.

Después del 11-S
William Rodríguez pasó la primera noche llorando: “Pude ver por primera vez las imágenes por televisión y fue un shock”. El recuerdo más duro que le queda a Rodríguez es “el de ver los muertos que se habían tirado desde arriba. Y una señora que salvé del piso 33 y que me encontré después partida por la mitad por un vidrio que cayó como una guillotina”. Tampoco olvidará nunca “los gritos de dolor y de angustia de tantas personas que me pedían ayuda”. Es lo que se conoce entre los especialistas la “culpabilidad del sobreviviente”.

Doña Olga (la madre de William) pudo abrazar a su hijo tiempo después cuando William fue llevado a su país a un programa de televisión para recaudar dinero para las víctimas: “el reencuentro fue televisado y fue el punto culminante; pude llorar en los brazos de mi madre”.

Reconocido como héroe nacional por ayudar en el rescate, posteriormente recaudó más de 100 millones de dólares para los que, como él, perdieron todo ese fatídico día.

Hoy y el Museo
En la actualidad, William Rodríguez preside la Asociación Hispana de Víctimas del Terrorismo más importante de EEUU y dedica su tiempo a organizar giras por todo el mundo impartiendo conferencias sobre superación. En España es ponente de la agencia de conferenciantes de Thinking Heads (www.thinkingheads.com)

En los próximos años –para 2012- habrá un Museo que rinda homenaje a las víctimas del 11-S. Allí estará la “llave de la esperanza” que salvó a más de 100 personas.

Pregunta.- ¿Cuáles son las principales lecciones vitales que aprendió del 11-S y que trata de aplicar hoy día?

Respuesta.- Primera: aprender a enfrentar el miedo que es una barrera emocional inicial grande que hay que sortear para poder lograr nuestros objetivos. Segunda: lo más importante que tenemos no es ni el trabajo ni el dinero sino los afectos, tus familiares y tus amigos. Y la tercera: aunque la nación esté herida y el mundo esté herido uno puede convertir algo terrible en una enseñanza. Puedes utilizar las tragedias para hundirte o para levantarte como el ave fénix y crear algo grande por la comunidad. A partir de aquella experiencia yo me convertí en adicto a ayudar.

P.- En el 11-S se fusionaron dos condiciones del ser humano: la maldad de los terroristas y la bondad y solidaridad de los que ayudaron. Después de lo ocurrido, ¿qué opinión tiene del hombre?

R.- El ser humano siempre va a ser complejo. Desde mi punto de vista somos duales: capaces de mucha maldad y al mismo tiempo capaces de mucha bondad. Por otro lado, tengo que decir que el hombre tiene una gran capacidad de resistencia y de convertir algo negativo en positivo.

P.- En distintas ocasiones Vd. Ha dicho que era agnóstico, pero en medio de aquella tragedia pidió ayuda a Dios en distintas ocasiones y según ha confesado se la concedió. ¿Qué opinión tiene de Dios a día de hoy?

R.- Me convertí en una persona totalmente espiritual. Pude haber muerto muchas veces durante ese día y no fue así. Creo que en aquellos momentos Dios me protegió y me dio una segunda oportunidad porque vio que estaba haciendo cosas que no tenía que hacer. A partir del 11-S Dios se convirtió en un punto de referencia en mi vida. Me di cuenta que para sobrevivir en medio de tanto caos tenía que haber algo más grande que yo.

P.- En momentos críticos, no se está para pensar sino para actual ¿tenía Vd. las ideas claras de lo que tenía que hacer?

R.- Lo más importante es que encaré el miedo. Sabía que el miedo era un obstáculo para ayudar a la gente. Una vez pasé el miedo pude ayudar. Haber vivido en 1993 el otro intento de atentado terrorista me ayudó a actuar como lo hice.

P.- Nos decía Gustavo Zerbino, superviviente del accidente aéreo en la Cordillera de Los Andes de 1972, que lo que más le sorprendió durante los más de 2 meses de supervivencia en situaciones extremas, fue la armonía entre todas las personas. Y comentaba: “El hombre cuando está bien empieza a causar el mal. Cuando todo es un infierno lo único que puedes crear es el bien. . El caos te alinea porque no hay tiempo de generar más caos”. C.S. Lewis: decía que “el dolor es el megáfono que utiliza Dios para despertar a un mundo de sordos”. Parece una paradoja. ¿Son necesarios acontecimientos como los del 11-S para que el ser humano encuentre su camino y saque lo mejor de él mismo?

R.- No. El  ser humano tiene la capacidad de encontrar su camino sin ningún tipo de tragedia. Para mí las claves son tres: motivación, disposición y entusiasmo. No tengo el currículum de ningún universitario ni de ningún político, pero mi entusiasmo me ha llevado a cambiar leyes en los Estados Unidos y a conseguir beneficios para las víctimas alrededor del mundo. De ser un barrendero del WTC he pasado a reunirme con reyes, presidentes o ministros, etc. Sin lugar a dudas, el ser humano tiene en su mano la capacidad de llevar a cabo grandes cambios sin necesidad de dramas. La tragedia lo único que despierta en la psique es un instinto de supervivencia innata en cualquier persona.

P.- ¿Vd. de aquel, acontecimiento ha salido más fortalecido o más debilitado como persona?

R.- Salí fortalecido por la sencilla cuestión de que desde el primer momento pude dialogar y exteriorizar lo que viví. No me tragué la ansiedad y pude digerir lo ocurrido y eso fue un gran bálsamo para mi terapia de recuperación. Otras personas también han aprendido a levantarse pero igualmente hay que decir que ha habido mucho suicidio (y esto no se sabe) de personas que no han podido superarlo. Creo que la gestión de la situación depende de los valores en los que creas y cómo afrontes la situación.

P.- ¿Qué otras lecciones se pueden sacar desde el punto de vista organizativo?

R.- Me gustaría decir que un trillón de dólares se perdieron con la caída de las torres y el Pentágono. Sólo 6 compañías con sede en el WTC tenían un plan alternativo en caso de que ocurriese un acontecimiento de emergencia. La mayoría de las compañías tenían sus sistemas de back up en el mismo edificio en que operaba. 17.000 empresas quebraron. Un ejemplo de excelencia fue Merrill Lynch, a los 3 días estaban trabajando.

P.- ¿Cómo es la vida de los supervivientes después del 11-S?

R.- El proceso de recuperación de un atentado de terrorismo jamás se acaba. El cierre emocional nunca se produce. Se aprende a vivir con ello y a sobrellevarlo de la mejor manera posible pero la herida sigue abierta, aunque intentas vivir con esperanza. Tratamos de administrar emocionalmente la tragedia, es difícil pero se logra.

P.- Parece que fue difícil crear la comisión de investigación y que todavía quedan muchas incógnitas sobre el 11-S.

R.- Así es. Los supervivientes y las familias de las víctimas tomaron la iniciativa de empujar al gobierno para que creara una comisión de investigación sobre qué fue lo que realmente ocurrió el 11-S. El gobierno no quería y sólo cinco familiares fueron al Congreso para que así sucediera. Yo fui una de esas personas. Desde el principio la CIA y el FBI fallaron a todos los niveles en el 11-S. Desgraciadamente se gastó más de 40 millones de dólares para la investigación de Clinton en el caso de Monica Lewinsky, mientras que para la muerte de 3.000 personas sólo se destinaron 13 millones de dólares. A fecha de hoy existen muchas incógnitas sin resolver sobre muchos aspectos del 11-S.

P.- Parece que la solidaridad de la sociedad es algo común cuando ocurren acontecimientos graves.

R.- Depende. Las sociedades trabajan de manera diferente según su idiosincrasia e interés. En USA hubo una reacción inicial de solidaridad increíble, pero duró muy poco. Al poco tiempo empezaron a surgir los problemas. Como latino os puedo decir que de los 1.700 millones de dólares para las víctimas del 11-S los latinos sólo recibieron el 2% cuando fue el colectivo más afectado porque el staff de apoyo de cualquier edificio son siempre los inmigrantes (limpieza, cocina, etc.) He dado la vuelta al mundo hablando con víctimas de desastres del 7-J y del 11-M y todos tienen una experiencia diferente a la nuestra. Primero, porque aquí en Madrid se tienen más experiencia en temas de terrorismo. Al igual sucede en Inglaterra. En USA no se sabía cómo reaccionar ante un desastre de este tipo.

P.- ¿Qué pregunta le gustaría que le hubiesen hecho y contéstela?

R.- La pregunta sería cuál es mi misión en estos momentos. Y ésta es ayudar a grandes organizaciones en la administración y gestión de desastres. Me dedico también a aspectos de motivación en la empresa así como a intentar ayudar a crear una clase activista a nivel internacional dándoles las herramientas para poder hacerlo.

Fuente: www.eexcellence.es
01.02.08

En el primer vídeo, William Rodriguez explica como segundos antes de estrellarse el primer avión en la Torre norte, sintió junto a otras personas, una tremenda explosión en los sotanos del edificio.

9/11: Three WTC survivors in explosive interview

William Rodriguez se reune con Felipe David


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