Posteado por: 911thetruth | 10 noviembre 2008

Entrevista a Bruno Cardeñosa Autor de “11-M: Claves de una Conspiración”

Bruno Cardeñosa, Orense 1972. Periodista que ha trabajado en radio, prensa y televisión, inició la más trascendente de sus investigaciones en marzo de 2002. Su libro 11-S. Historia de una infamia es el resultado de más  de año y medio de trabajo con objeto de esclarecer la realidad sobre los atentados terroristas del 11 de septiembre de 2001 en Washington y Nueva York. Sus anteriores obras abordan cuestiones sobre el pasado, presente y futuro de la humanidad. El código secreto (2001), o 100 enigmas del mundo (2003). Forma parte del equipo de colaboradores de La Rosa de los Vientos, de Onda Cero y es redactor de la revista Enigmas. Recientemente ha publicado: 11-M. Claves de una conspiración.

Tu primer libro, el “11-S: Historia de una Infamia” fue objeto de una muy buena acogida social en una opinión pública sedienta de noticias y análisis independientes sobre los atentados del 11-S. ¿Tuviste, sin embargo, algún problema de tipo personal o sufriste algún tipo de boicot mediático tras su publicación? ¿Has descubierto posteriormente a dicha publicación más datos que avalen las conclusiones que relatas en él?

Problemas personales, en lo que se refiere a la integridad física, no he tenido. A otro nivel, sí, incluso perdí algunas colaboraciones que hacía con medios informativos. Más que con el anterior libro, con éste sí he notado que era objeto de “control” en mis comunicaciones. Pero considero que son cosas normales. En el otro sentido, por desgracia, los medios de comunicación más poderosos, salvo alguna honrosa equivocación, hicieron un vacío al libro realmente inexplicable si atendemos a la repercusión que tuvo y ha tenido, en cuanto al número de lectores que engulleron una obra como aquella, tan diferente a casi todas las publicadas sobre el 11-S. Pero es lo que suele ocurrir cuando se proponen ideas y hechos que son contrarios al poder, independientemente del color político de quienes ostentan dicho poder. O abrigas tu producto con una campaña de marketing o, simplemente, ignoran el trabajo.

Por desgracia, estos dos libros me han servido para darme cuenta de que en el mundo del periodismo hay mucho conformismo con lo que se cuenta desde las esferas oficiales y miedo a contrariar “verdades” socialmente aceptadas. Si te sales de ese redil, lo mínimo a lo que uno se enfrenta es al descrédito. Pero algo sí me ha gustado: en privado, muchos periodistas de renombre me han comentado su fascinación por el contenido del libro al que consideran acertado. Entiendo que no lo puedan decir en público, pero, en privado, sí lo dicen.

Posteriormente, por supuesto que seguí trabajando en la investigación del 11-S. Básicamente, lo nuevo que he descubierto me ha servido para reforzar mis tesis aún más. Todo lo que voy averiguando me conduce a reforzar mi idea sobre la implicación del poder financiero y político, especialmente el norteamericano, en la actual trama terrorista internacional. A medida que voy recogiendo más y más datos, más claro me parece que el 11-S fue una operación inmensa. Por ejemplo, a las presentadas en el libro, he descubierto pruebas precisas de cómo y por qué se produjo la caída de las Torres Gemelas. Lo avalarán algunos de los más importantes expertos europeos en demolición de edificios. Se han localizado, incluso, las fotografías en las que se registran explosiones que preceden a la caída de los edificios. Y muchas otras cosas.

En tu libro llama la atención la similitud que existe entre los atentados del 11-S en EEUU y los del 11-M en Madrid, en especial la existencia de “señuelos” en una furgoneta o un coche, cuya presencia tiene una difícil explicación lógica, pero que sirvieron para orientar la investigación en una determinada dirección. ¿Crees, pues, con los datos que tienes en la mano, que existe un mismo modus operandi en los atentados de EEUU y en el de Madrid?

La mano negra que operó tras los atentados de Madrid y que dejó los señuelos que guiaron a los investigadores a una rápida solución del caso es la misma que estuvo tras el 11-S. Y sino es la misma, bebió de las mismas fuentes o es muy cercana. Hay diferencias entre uno y otro hecho, pero el 11-M parece un capítulo más de un libro cuyo detonante fue escrito el 11-S. El autor es el mismo y está intentando que su “novela” concluya según un guión establecido de antemano. Que se consiga es otro asunto, pero el 11-M vino de perlas a quienes defienden la política internacional impuesta por Occidente tras los atentados de Nueva York y Washington. Luego, entre ambos episodios hay otras similitudes de fondo -incluso de forma, en algunos aspectos- muy marcados.

En el libro haces también un detallado relato de la mochila que inexplicablemente llegó sin chequear a Vallecas y que contenía al parecer una bomba sin activar y un móvil programado para sonar a las 7:39 de aquella tarde y no de la mañana, como se dijo en un principio. ¿Qué importancia das a la aparición de esta mochila en la investigación?

Tuvo mucha importancia y todas las versiones oficiales que se han dado, resultan ser insuficientes. Ni los mismos investigadores policiales se explican lo ocurrido con la mochila. No es lógico que durante 12 horas, una mochila perdida junto al lugar donde explosionaron varias bombas, no mereciera el interés de nadie. Si como dice la versión oficial, dicha mochila estaba en el tren de estalló en la estación de El Pozo, ¿cómo es que nadie la abrió allí para saber que contenía una presunta bomba? ¿Cómo es que los perros detective de la Policía Nacional no olieron que portaba 10 kilos de dinamita? Y no sólo eso: nos dicen ahora que no explosionó por casualidad, por milagro. También se acaba de decir que estaba programada para estallar al día siguiente. Ninguna de las versiones policiales que se ha dado es cierta; sólo hay una verdad por mucho que la traten de ocultar: aquella bomba no estaba preparada para explotar, sino para que sirviera como detonante para iniciar la investigación. Es como si alguien hubiera estudiado dejar allí la mochila -en la estación o, posiblemente, la introdujo en alguno de los traslados entre diversos del material que dejaron los pasajeros en el tren- para que las pistas que contenía facilitaran el inmediato guión que quería escribirse sobre la culpabilidad de Al Qaeda y de los marroquíes que fueron posteriormente detenidos gracias a las pistas que contenía la mochila. Pero ahora, con el tiempo, comienza a descubrirse algo extraño: gracias al teléfono móvil que contenía la bomba, fueron detenidas 5 personas y 4 están ya en libertad porque las primeras acusaciones contra ellos quedaron sin poder ser demostradas, lo que hace pensar que esa pista bien pudo conducir sólo a personas que sirvieron de chivos expiatorios, pero no a los verdaderos responsables, o al menos, a los responsables más importantes.

Otro aspecto muy revelador que abordas en tu libro es el tema de la sincronización de las explosiones para que tuvieran lugar en las estaciones, cuando en los trenes estaba subiendo gente. En el libro se señala que, dado que los trenes llevaban retraso, esto sólo es explicable si las explosiones fueron provocadas a distancia por llamadas a los móviles y no de forma automática y preprogramada por estos últimos. ¿Qué implicaciones tendría esta hipótesis de confirmarse?

La puntualidad de la línea de trenes en donde ocurrió todo es exquisita. Siempre lo fue y lo es ahora. Pero aquel día no sucedió así, ¿por qué? No tengo la respuesta, pero sí sé que al llevar retraso los trenes, los activistas no podían saber cuándo iban a estar parados los trenes, ya que quienes pusieron las bombas parecían desear que estallaran los vagones al estar parados. Si hubieran ido con puntualidad, al menos la mitad de las bombas hubieran estallado en movimiento. Al no ser así, uno tiene la impresión de que los explosivos no pudieron ser programados, sino que no quedaba otro remedio más hacerlos estallar con una visión de conjunto de lo que sucedía en los trenes. Sólo de dos formas podía conseguirse: o había un ejército de observadores dispuestos cerca de las vías que activaban las bombas usando el teléfono móvil o quien “orquestaba” todo disponía de una visión en conjunto de lo que sucedía en las vías y accionó las bombas cuando vio que todos los trenes estaban detenidos.

En principio, tiendo a creer que la segunda posibilidad, pero aún podría irse más lejos: todo, incluso el retraso de los trenes, estaba previsto desde antes y, entonces, sí puede programarse la explosión. Pero esta última posibilidad apunta aún más lejos e implicaría a muchas personas en la trama. Y en este tipo de operaciones, cuanta menos gente participe, mejor, porque así es más fácil evitar grietas en la trama a través de las cuáles alguien pueda revelar lo ocurrido. En todo caso, esto implica que hubo algún tipo de conexión interior para facilitar la exactitud de la operación que fue más sofisticada de lo que pensamos en un principio.

En el libro citas que Al Qaida ha favorecido, de hecho, siempre los intereses de los sectores más belicistas de la Administración Bush. ¿Crees que la reciente “aparición” de Al Qaida en Iraq sirve también a estos intereses en un momento en que la Comisión del Congreso de EEUU que estudia los atentados del 11-S ha señalado que no existen pruebas de los vínculos entre el antiguo régimen de Iraq y Al Qaida?

Bush y Bin Laden son dos grandes aliados. El terrorista ha permitido al presidente norteamericano -y en especial a todo el entorno que le sustenta- llevar a cabo una serie de planes en beneficio propio que llevaban consigo la transformación del mundo actual sin importarle para nada el coste en vidas humanas, no sólo en los atentados en sí, sino en las guerras y acciones bélicas que han resultado como consecuencia. De algún modo, cada aparición de Bin Laden o del terrorismo internacional siempre llega en el momento adecuado y siempre beneficia a Bush y sus políticas. Gracias a ello, no sólo refuerza su discurso político, sino que logra desviar la atención respecto a asuntos que sí le pueden perjudicar.

Así por ejemplo, la actual ola de acciones atribuidas a Al Qaeda -pese a que no existe ninguna prueba de que sea así- en Irak y Arabia Saudí, en especial el degollamiento de algunos ciudadanos norteamericanos, ha servido para que la sociedad americana deje de recibir informaciones que sí perjudican a Bush, como puede ser el goteo de bajas entre sus tropas. Gracias a ello, se ha resucitado la imagen de la existencia en Irak de unos terroristas capaces de todas las atrocidades posibles. “Digan lo que digan, el enemigo está ahí y nos odia”, piensa el votante norteamericano tras las dantescas escenas de los degollamientos. Y es que cada vez que la amenaza terroristas deja de ser un fantasma y cobra cuerpo real, la sociedad estadounidense y, en parte, también la europea, tiende a aglutinarse en torno a quien propone “mano dura” contra los señalados como “enemigos”. El atentado del 11-M sirvió para que los asesores de Bush descubrieran que en sólo unos días pasó de estar 10 puntos por debajo de Kerry en las expectativas de voto, a situarse 7 puntos por encima.

Mientras, el degollamiento de ciudadanos norteamericanos en Irak ha hecho sostener su expectativa de voto y, sobre todo, que se olviden otras críticas contra la Administración. Así, el terrorismo, bien administrado geográfica y temporalmente, se ha convertido en la principal baza para continuar cuatro años más en el poder, algo que conviene a todos los consorcios petrolíferos, armamentísticos y financieros que han visto crecer sus dividendos gracias a las acciones tomadas por Bush y a los subsiguientes contratos oficiales que deparan. Ahora, como dices, la Comisión parece haber dado un pequeño puntapié a Bush afirmando que no existieron vínculos entre Al Qaeda y Saddam. Pero entre que los medios de comunicación -muy influenciados por la Casa Blanca- han pasado de puntillas sobre este hecho, destacando otras conclusiones de la comisión, como que Al Qaeda pretendía el 11-S atacar con 10 aviones en vez de con 4, y la objetiva aparición de actos terroristas como los degollamientos, hacen que esas mentiras queden en entredicho o perdonadas por la opinión pública, ya que hablan de pasado, y lo que importa es el presente. Otra cosa para hablar largo y tendido es sobre la autenticidad de los degollamientos.

Una de las sorpresas que muchos lectores han llevado leyendo tu libro ha sido el conocer que el último piloto de Mohammad Atta fue un español, Ivan Chirivella, y también su negativo juicio acerca de Atta como piloto de avionetas. ¿Crees que existe una estrategia de ocultamiento de datos sobre el 11-S y el 11-M con el fin de que la verdad sobre estos hechos nunca llegue a conocerse?

No tengo la más mínima duda de ello. Es por ello que a Iván Chirivella, tras más de una década trabajando en EEUU, se le ha denegado el visado correspondiente allí. Él piensa que pudiera ser un circunstancia coyuntural, pero lo cierto es que no quieren a alguien que pueda dar un testimonio incómodo. El propio profesor de pilotos de Atta lo dejó caer en un libro suyo y de forma más clara me mostró personalmente sus dudas sobre la preparación de Mohamed Atta para cometer aquel atentado. Sencillamente, no estaba cualificado como piloto, algo que también se ha demostrado gracias a las simulaciones de vuelo que efectué y a otros expertos a quienes consulté.

Además, y como cuento en “11-M Claves de una Conspiración”, Atta era un personaje con extrañas conexiones que le vinculaban con las altas esferas de los servicios secretos de Pakistán, a la vez que estos servicios secretos parecían trabajar a las órdenes de la CIA. De hecho, él recibe dinero de estas fuentes justo antes de venir a España, en donde teóricamente acabó de preparar el 11-S. Y es que España ha sido utilizada por Al Qaeda a su antojo como si existiera un acuerdo trilateral -España, EEUU y Al Qaeda- para que fuera así. De haber funcionado la legalidad como debería haberlo hecho, Atta no hubiera podido salir de EEUU rumbo a España, y de haberlo hecho, tendría que haber sido detenido en el aeropuerto de Barajas. Había muchas advertencias policiales contra él que le deberían haber frenado los pies. Pero algo o alguien le permitió seguir trabajando, incluso durante los diez días que permaneció en nuestro país.

En la investigación que he hecho sobre Atta para este libro llego a la conclusión de que no era quien realmente nos han transmitido que era. Algo escondía este hombre que de averiguarlo nos daría las claves para saber quién está detrás de Al Qaeda -una organización que, dicho sea de paso, es más un invento mediático que una verdadera realidad-. Hoy sabemos más de él que hace dos años. En cierto modo, las investigaciones de muchos periodistas y la sociedad de la información tal y como está constituida en la actualidad, podrá permitir que, al menos, nos acerquemos a la verdad. Estamos ante un nuevo caso Kennedy, pero tardaremos menos en que se abran grietas en la versión oficial. De hecho, muchas ya se han abierto y poco a poco empezamos a percibir lo que hay detrás.

Por último, ¿podrías hablarnos algo de tu próximo proyecto, un libro sobre las relaciones entre la dictadura de Guinea Ecuatorial y la Administración Bush?

En realidad, es mucho más que eso. Es una obra en la que pretendo mostrar dos cosas. Primero, las últimas investigaciones sobre el 11-S y, ahora, claro, también sobre el 11-M. Y por otra, mostrar cómo gracias a la amenaza del terrorismo se ha modificado el mundo. La idea de la que parto es que la mentira ha sido el arma empleada por el poder para llevar a cabo esos planes. Una de las cosas que ofrezco es que ese plan, que sería una suerte de golpe de estado mundial, ha abarcado mucho más que a Oriente Medio. El caso del capítulo que dedicará a Guinea -sobre el que ya acabé la primera parte de la investigación- es significativo en este sentido. Hace unos años, al dictador Obiang se le intentaba sacar del poder en Occidente. Se le consideraba como lo que es: un tirano. Pero he aquí que hace poco se descubrió allí petróleo y en cantidades enormes. A partir de ese momento, todo cambió y EEUU empezó a mostrarle simpatía a Obiang. Apareció España, con muchos intereses en el país y con una gran ascendencia, puesto que Guinea Ecuatorial fue una colonia española. Ahí, EEUU necesitó de España, cuyo gobierno dejó de apoyar a la oposición contra Obiang y se declaró a favor de los “procesos democráticos” de Obiang. Finalmente, empresas españolas y norteamericanas han logrado hacerse con la práctica totalidad de los contratos petrolíferos del país. Y todo mientras la población sigue sumida en la miseria, porque el dinero del petróleo se lo queda Obiang y esas empresas.

Claro, que la población no es tonta y sabe de la jugada, y por ello intenta rebelarse pese a la enorme represión. ¿Y qué se hace entonces? Pues se dice que Guinea se está convirtiendo en refugio de terroristas de Al Qaeda, tal y como se ha dicho y, a continuación, se envían tropas norteamericanas y también españolas, para ayudar a este país a protegerse del falso “enemigo”. Pero en realidad, lo que hacen esas tropas es prestar servicios al poder de Obiang y a sus métodos de represión para que se perpetúe en el poder y el dinero del petróleo siga en esas manos. En este caso, no hace falta invadir el país; es más fácil comprar al dictador. Otra cosa es que luego Obiang haga cosas que no interese, y entonces, sí, lo quitarán. Por desgracia, este tipo de acciones se están repitiendo en muchos países de África en donde se ha descubierto petróleo, por ejemplo en Marruecos y el Sahara, muy relacionado con el 11-M, como explico en el libro.

Fuente : http://www.webislam.com/?idt=195

Fuente: Revista Amanecer del Nuevo Siglo


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