Posteado por: 911thetruth | 5 enero 2009

EL ATAQUE CONTRA LA RAZON, POR AL GORE

Al Gore

Tras ganar reconocimiento mundial con la cuestión del cambio climático, Al Gore critica la presidencia de George W. Bush.
Se concibió para fomentar el espectáculo y el entretenimiento y hoy, posiblemente, es la mayor arma de poder existente. La televisión, esa caja lista con aspecto de tonta, constituye el medio más eficaz para influir en las mentes de millones de individuos. Se encuentra concentrada en muy pocas manos, las suficientes para controlar toda la programación televisiva y, por consiguiente, la voluntad de los hombres. Esta es la mitad de la ecuación que propone Al Gore. La restante se sustancia en el papel secundario que las ideas y la razón juegan en la actualidad. La doctrina que otorgaba a los ciudadanos capacidad para gobernarse a sí mismos a través del debate y la exposición de argumentos, se encuentra en serio peligro de muerte. El espacio público democrático ha sido asaltado por unos desalmados que imponen sus intereses a los del conjunto de la población.

EL ATAQUE CONTRA LA RAZON, POR AL GORE

Estos “malhechores” requieren la ayuda de la televisión, primero, para ganar las elecciones y para mantenerse en el poder, después. La ecuación se ha completado. Los políticos utilizan la televisión como expositor de venta de sus productos. Y ningún país gestiona la venta tan bien como EE.UU. Bush quería vender miedo y la televisión contribuyó a lograrlo. Proclamó que Osama Bin Laden y Sadam Hussein eran el mismo demonio y que había, por lo tanto, que invadir también Irak. Este mensaje se repitió sin descanso en la televisión hasta que caló en los telespectadores-votantes. Se sustituyó un debate razonado en la sociedad por un eslogan machacón carente de profundidad. Gore afirma que mientras la “red pública” la monopolicen unos cuantos medios televisivos, la razón perderá poder y la democracia será más artificial que real.

“Los Padres Fundadores de este país estaban más influidos de lo que nos imaginamos por la atenta lectura de los aspectos históricos y humanos que rodearon a las democracias de la antigua Grecia y de la república romana. Sabían, por ejemplo, que en Roma desapareció la democracia el día que Cesar cruzó el Rubicón, infringiendo la prohibición tradicional del Senado de que los generales, volviendo de la guerra, entrasen en Roma mientras aún tenían el mando de sus tropas. Aunque el Senado conservase su existencia formal, y se le siguiese la corriente durante varias décadas, lo cierto es que tanto él como la propia república romana (y el sueño de la democracia) se marchitaron y murieron cuando César, de una manera muy poco política, aunó su papel de jefe militar con el de jefe de Estado; y así, a todos los efectos, fue la propia democracia la que desapareció de la faz de la tierra durante diecisiete siglos, hasta renacer en nuestro país.

Nuestro actual presidente se fue a la guerra, y a su regreso, simbólicamente, desfiló por la ciudad vestido de comandante en jefe, declarando que hasta nuevo aviso el país se halla en guerra permanente, la cual probablemente dure toda nuestra vida. Da a entender que ese estado de guerra permanente justifica su reinterpretación unilateral de la Constitución en el sentido de incrementar su poder como presidente a expensas del Congreso, los tribunales y los ciudadanos.”


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